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Juan Carlos Valencia Montoya, destaca el papel de las familias caficultoras en el desarrollo económico, social y cultural del departamento, así como la importancia de preservar las tradiciones del campo y reconocer el esfuerzo de quienes hacen posible la producción cafetera.
Pregunta: ¿Qué representa el café para Risaralda y sus habitantes?
Juan Carlos Valencia: El café es mucho más que un cultivo para Risaralda. Es familia, tradición, trabajo y esperanza. Representa la historia de miles de manos campesinas que comienzan su jornada desde muy temprano y que, cosecha tras cosecha, mantienen viva una de las mayores riquezas de nuestro territorio. El café hace parte de nuestra identidad y de la cultura que nos caracteriza como risaraldenses.
Pregunta: ¿Cuál es el reconocimiento que merecen las familias caficultoras del departamento?
Juan Carlos Valencia: Hoy queremos reconocer y exaltar a todas nuestras familias caficultoras, a quienes siembran, cuidan y cosechan cada grano con dedicación y compromiso. Detrás de cada taza de café hay una historia de esfuerzo, sacrificio y amor por la tierra. Son estas familias las que mantienen vivo el campo y contribuyen al desarrollo de nuestros municipios.
Pregunta: ¿Qué importancia tiene la caficultura para el desarrollo de Risaralda?
Juan Carlos Valencia: La caficultura es uno de los pilares de nuestra identidad rural y una actividad fundamental para muchas comunidades. Además de generar oportunidades de trabajo e ingresos, fortalece las tradiciones familiares, promueve el arraigo territorial y lleva el nombre de Risaralda a diferentes lugares. Por eso, debemos continuar reconociendo el valor de nuestros campesinos y la importancia de su trabajo.
Pregunta: ¿Cuál es el mensaje de la Asamblea Departamental en esta fecha?
Juan Carlos Valencia: Desde la Asamblea Departamental de Risaralda enviamos un mensaje de gratitud y reconocimiento a todas las personas que hacen posible que nuestro café siga siendo motivo de orgullo. Honrar a nuestros caficultores significa valorar sus esfuerzos, reconocer su aporte al desarrollo del departamento y mantener vivo el compromiso con nuestras comunidades rurales. El café es parte de lo que somos y una tradición que debemos proteger y transmitir a las nuevas generaciones.